Martes 20 agosto 2019

¿Cómo se desarrollan los huesos de tu bebé?

De forma progresiva, esos huesos blanditos (algunos de los cuales ni siquiera son huesos, sino cartílagos) que desarrolló dentro de la pancita de mamá, cambiarán de manera radical: de forma, consistencia, e incluso de número. Mira como se desarrollan los huesos de tu bebé al paso del tiempo. 

Durante la etapa uterina, tu bebé necesitó un esqueleto blandito, flexible, de huesos cortos y esponjosos para poder plegarse dentro del útero. Y lo tuvo. En el mundo exterior las necesidades cambian: ahora necesita un esqueleto fuerte y rígido que le permita sostenerse sobre sus piernas y desplazarse. Y lo conseguirá, poco a poco.

 

¿CÓMO SON LOS HUESOS DEL BEBÉ?

Sus huesos siguen diferentes comportamientos durante el primer año. El bebé nace con unos 270 huesos, frente a los 206 que podrá contar en la edad adulta. Algunos de ellos se funden entre sí para dar lugar a uno solo, como ocurre por ejemplo con el hueso sacro, al final de las vértebras lumbares, nacido de la fusión de cinco huesos; o como pasa en el cráneo, que pasa de 45 a 22 huesos.

No todos los huesos se funden… ¡hay algunos nuevos que aparecen! ¿Dónde lo hacen? En las articulaciones que más rango de movimiento y precisión requieren: las muñecas y tobillos. El endurecimiento de los huesos continúa hasta la edad adulta: quedan muchos años de crecimiento, y mientras eso ocurre nuestros huesos seguirán manteniendo mayor flexibilidad.

¡Dentro de todo lo flexible que puede ser un hueso! Y aunque todos los huesos, en general, crecen con el niño, hay unos que están especialmente preparados para crecer mucho y llegar a ser muy largos: los huesos de las extremidades.

 

¿CÓMO SE DESARROLLAN LOS HUESOS DE TU BEBÉ?

1. El recién nacido sigue enroscado, con las piernas contra su vientre, de forma similar a como estaba en el útero.

No es por voluntad, sino porque en esta postura su sistema nervioso se organiza mejor. La mayoría de sus movimientos musculares son involuntarios e incontrolados. Cuando quiere mover una mano, sacude todo el cuerpo. Con cada acción voluntaria que pretende realizar, tiembla todo su cuerpo. Le costará semanas empezar a desplegarse y tomar el control de sus movimientos. Al desenroscarse los músculos de su espalda se estiran y su cuello se manifiesta débil, sin fuerza.

2. Estamos hablando de los músculos esqueléticos o estriados, es decir, la musculatura que rodea sus huesos y será responsable (más adelante) de los movimientos voluntarios.

También encontramos, a un nivel más profundo, otro grupo de músculos: los involuntarios, que se encargan de funciones como la digestión o el movimiento del corazón. Estos seguirán siendo involuntarios toda la vida, sin embargo el bebé debe aprender a manejar el primer grupo de músculos, entrenarlos, hacerse con su control. Lo consigue a través del movimiento, con el paso de las semanas, la maduración del sistema nervioso y la inhibición de los reflejos.

3. Los huesos se unen entre sí por medio de unas zonas llamadas articulaciones.

No todas tienen la movilidad del codo o la rodilla, en algunos casos los huesos están unidos por un tejido fibroso que permite muy poca movilidad, como ocurre con las articulaciones del cráneo. Sólo tenemos dos rodillas, dos codos, dos tobillos y dos muñecas… Sin embargo en el cuerpo encontramos ¡unas 230 articulaciones!

Son fundamentales para el movimiento del bebé entre otras cosas porque dentro de ellas hay unos receptores nerviosos que transmiten al cerebro la información de la posición de la articulación en el espacio y el tono de los músculos. Es decir que además de permitir el movimiento al unir un conjunto de huesos y músculos, también informan de dicho movimiento permitiendo que el cerebro vaya construyendo una imagen global del cuerpo y de sus posibilidades. Esta información está en continua evolución, como el bebé.

4. Aprenderá a utilizar las articulaciones más móviles del centro del cuerpo hacia fuera.

Primero pataleará y moverá los brazos en gestos amplios, desde la pelvis y el tronco, luego empezará a controlar sus codos y rodillas, después las muñecas y tobillos y finalmente, hacia los doce meses, mostrará un control bastante fino de las articulaciones más alejadas del centro del cuerpo, las de sus dedos: lo que antes tomaba usando la mano entera, ahora requerirá apenas dos dedos.

Y así, tu bebé se va especializando y, aunque aún quedan muchas posibilidades que explorar, de alguna forma ya ha tomado el timón, el control de su propio cuerpo, su primera y más preciada pertenencia. (P).


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