Domingo 15 diciembre 2019

La matanza de Bojayá, una herida aún abierta en Colombia 17 años después

Bojayá (Colombia) (EFE).- Los familiares de las víctimas de la matanza de Bojayá, uno de los capítulos más atroces del conflicto armado colombiano, comenzaron este lunes la despedida final al cerca de centenar de personas que perdieron la vida el fatídico 2 de mayo de 2002, una herida que sigue abierta en Colombia.

La sepultura definitiva de las víctimas, muchas de las cuales pasaron casi dos décadas en fosas comunes sin identificar, supone un paso más en la lucha por justicia y garantía de no repetición que desde hace 17 años libra esa comunidad de afrodescendientes del departamento del Chocó, fronterizo con Panamá.

La masacre de Bojayá ocurrió cuando un cilindro bomba lanzado por guerrilleros de las FARC durante un combate con paramilitares cayó en la iglesia de San Pablo Apóstol donde más de 400 habitantes del pueblo habían buscado refugio.

La cifra oficial fue de 74 personas muertas y numerosas heridas, pero otras fuentes hablan de 119 fallecidos y varios desaparecidos.

NÚMERO INDETERMINADO DE MUERTOS

“Es complejo a veces mencionar un número porque nosotros hemos dicho que no compartimos cifras, en Bojayá no se puede estar hablando de cifras sino de personas, seres humanos”, dijo a periodistas Yuber Palacios Córdoba, miembro del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá.

Palacios subraya que en algunas familias de Bojayá el duelo será a “medias” porque si bien es cierto que hay cuerpos plenamente identificados que serán entregados a sus familias para su sepultura final el 18 de noviembre, “hay otros en los que no fue posible su identificación, y eso significa que va a ser complejo para las familias hacer ese duelo completo”.

De igual forma recordó que aunque la mayoría de los restos de fallecidos regresaron este lunes a Bojayá, “todavía hay personas dadas por desaparecidas”, por lo que pidió al Estado “seguir buscándolas” para “poder darle una explicación a las familias y hacer una entrega” de los restos.

UN CAPÍTULO QUE NO SE CIERRA

Pese al avance que suponen actos como el que se inició hoy, que se prolongará por nueve días, los habitantes de Bojayá manifiestan que todavía no pueden dar por cerrado ese capítulo de sus vidas.

“Es una gran medida de alivio a tanto dolor que hemos tenido porque creemos que las almas de nuestros familiares van a descansar en paz”, aseguró a Efe José de la Cruz Valencia, quien perdió en la matanza a cuatro sobrinos y un primo.

Valencia, que hace parte del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá, explica que actos como el que se inició hoy son “la acción más reparadora que una familia puede recibir” pero “lamentablemente todavía no se puede cerrar (la historia) porque tenemos personas aún en condición de desaparecidos”.

“Hay 100 víctimas, de esas hay diez desaparecidos, nueve bebés fallecieron en los vientres de sus madres, hay otros 74 plenamente identificados y de otros siete se logró por diferentes pruebas saber a qué familias pertenecen”, afirma al intentar dar una luz sobre el costo humano de la matanza.

COMPROMISO DEL ESTADO

Valencia reconoce que también se han logrado avances en otros aspectos y que los actos de esta semana se “convierten en una esperanza de vida para los sobrevivientes de la masacre” por lo que pidió al Gobierno que “asuma acciones concretas para salvaguardar la vida de las personas que residimos en Bojayá”.

Recalcó que en la actualidad en el Chocó hay constantes enfrentamientos entre guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y grupos herederos de los paramilitares que ponen bajo el fuego cruzado a las comunidades negras e indígenas de ese departamento.

“Lo que Bojayá necesita es la presencia del Estado, no solo con militares sino un Estado con educación, con interconexión eléctrica y con estabilización económica que nos permita enfocar nuestros proyectos de vida tanto individual como en lo colectivo”, reclama.

JUSTICIA Y NO REPETICIÓN

El sacerdote Jesús Albeiro Parra Solís, que en la época de la matanza era el director de la Pastoral Social, coincidió en que el capítulo de la masacre no se cierra con la sepultura y reclamó acciones efectivas de “verdad y garantías de no repetición”, así como que se vincule a otros responsables de esa matanza, entre ellos al Estado.

“Con este acto del duelo, de darle cristiana sepultura a los cadáveres, no se cierra el capítulo de la masacre de Bojayá porque quedan otros temas pendientes como el de garantía de no repetición”, explicó el sacerdote.

En su opinión, todavía no se ha dicho toda la verdad porque aunque las FARC, después de la firma de la paz pidieron perdón por la matanza, “faltó el tema de los paramilitares, porque ellos también fueron responsables de este crimen de guerra porque tomaron la población de escudo y estuvieron antes de la masacre, durante la masacre”.

Añadió que ocho días antes de la matanza se dio la alerta a las autoridades de lo que podía suceder a través de la Diócesis de Quibdó, la Defensoría del Pueblo y la ONU.

Por eso, asegura que el Estado tiene que asumir su responsabilidad porque se “comprobó que la fuerza pública dejó pasar a los paramilitares ocho días antes de la masacre”.

Bojayá recibe de blanco y con dolor restos de víctimas de la matanza de 2002

Bojayá (Colombia), 11 nov (EFE).- Los habitantes de Bojayá, un remoto pueblo del Pacífico colombiano, se vistieron este lunes de blanco para recibir los restos de un centenar de familiares, vecinos y amigos que fueron asesinados en la matanza perpetrada hace 17 años, uno de los peores crímenes del conflicto armado del país.

Con cánticos fúnebres y de alabanza propios de esta región del oeste de Colombia, conocidos como “alabaos”, una multitud esperó la llegada de los pequeños ataúdes de madera, de color marrón para los adultos y blancos para los niños que perdieron la vida el 2 de mayo de 2002 en un combate entre paramilitares y guerrilleros de las FARC por el control de Bojayá, en el departamento del Chocó.

Ese día, un cilindro bomba lanzado por las FARC cayó en la iglesia de San Pablo Apóstol donde más de 400 habitantes de Bojayá habían buscado refugio y la fuerza de la explosión dejó un número indeterminado de muertos pues las cifras varían entre los 74 contabilizados oficialmente en ese entonces y 119 según otras fuentes.

UN PUEBLO UNIDO EN EL DOLOR

“Es complejo a veces mencionar un número porque nosotros hemos dicho que no compartimos cifras; en Bojayá no se puede estar hablando de cifras sino de personas, seres humanos”, dijo hoy a periodistas Yuber Palacios Córdoba, miembro del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá.

Esta organización, con el apoyo de la Oficina en Colombia de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, logró en los últimos años que los fallecidos, muchos de los cuales fueron enterrados en fosas comunes, fueran exhumados para ser identificados y hoy regresaron a Bojayá para recibir la sepultura definitiva.

Los féretros fueron trasladados en dos helicópteros blancos de la Misión de Verificación de la ONU en Colombia desde Medellín hasta la localidad de Vigía del Fuerte, en el departamento de Antioquia.

En Vigía del Fuerte fueron embarcados en canoas en las que iniciaron un recorrido por el río Atrato hasta Bellavista antigua, donde fue instalada la administración local de Bojayá tras la matanza, y en todo el trayecto estuvieron acompañados por el pueblo entero como una sola familia con globos y flores blancas.

“El pueblo bojayaseño, como una única familia que somos, perdimos cien personas en la masacre”, afirmó Palacios, quien explicó que en su caso, fueron 28 los parientes que murieron cuando la bomba lanzada por las FARC hizo explosión en plena iglesia abarrotada de hombres mujeres y niños.

CORTEJO FÚNEBRE

Al llegar al embarcadero fluvial en Bojayá las urnas con los restos fueron entregados a familiares que los cargaron en brazos y siguieron en un cortejo fúnebre hacia el perímetro urbano del pueblo en compañía de mujeres que entonaban “alabaos”.

“Más allá de todo esto lo que queremos es seguir en los procesos de reparación colectiva para cada una de las víctimas” dijo el director de la Unidad para las Víctimas del Gobierno colombiano, Ramón Alberto Rodríguez, quien calificó de “algo histórico” la entrega de los restos identificados a sus familiares “para que puedan hacer el entierro final”.

En la iglesia donde ocurrió la matanza los homenajes continuarán a lo largo de este lunes y por la noche será celebrada una misa, seguida de un ritual fúnebre propio de las comunidades del Pacífico, con rezos y “alabaos”.

DESPEDIDA FINAL

Estas ceremonias se repetirán a diario desde mañana hasta el 15 de noviembre, periodo durante el cual los familiares recibirán en privado explicaciones científicas de la Fiscalía sobre el proceso de identificación y lo que se está haciendo para hallar a los desaparecidos.

La despedida final comenzará el domingo 17 con una misa tras la cual habrá un velatorio colectivo nocturno y al día siguiente los restos serán inhumados de manera definitiva en un mausoleo construido en homenaje a las víctimas.


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