domingo 19 septiembre 2021
Phoenix Mediosmiércoles 21 julio, 2021
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Bangkok (EFE).- Tribunales militares han dictado 65 penas de muerte “en juicios injustos” desde el golpe de Estado del 1 de febrero en Birmania, denuncia este miércoles la organización garante de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW).

Las sentencias han sido impuestas en Rangún, donde la junta militar impuso desde marzo en varios municipios la ley marcial para aplacar el enorme movimiento de oposición, contra 26 personas que permanecen arrestadas y 39 condenados en rebeldía.

Bajo la ley marcial birmana hasta 23 delitos pueden ser castigados con la pena capital, entre ellas el asesinato y otros cargos designados por la junta militar, la mayoría no castigados con la muerte por los tribunales civiles.

“La junta militar birmana ha añadido docenas de condenas de muerte a través de juicios atrozmente injustos a los disparos (realizados por las fuerzas de seguridad) contra las masivas manifestaciones”, señala Shayna Bauchner, investigadora para Asia de HRW.

A pesar de que la legislación birmana mantiene la pena capital y se ha dictado previamente varias condenas, el país no ejecuta a nadie desde 1988, apunta la oenegé.

“Estos falsos tribunales militares están imponiendo sentencias de muerte injustas e inapelables bajo la dirección de un comandante sancionado por la Unión Europea, Estados Unidos y otros países por cometer los peores crímenes según el derecho internacional”, dijo Bauchner en referencia al líder de la junta, Min Aung Hlaing.

La investigadora de HRW pide la “liberación inmediata” de todos los detenidos de manera injustificada tras el golpe de Estado y que la comunidad internacional aumente su presión para que la junta militar sepa que “está siendo observada”.

Tras mas de cinco meses y medio de la sublevación castrense, la junta no ha logrado controlar todo el país a pesar de la brutal represión contra la disidencia que ha dejado al menos 922 muertos a raíz de la violencia desatada por las autoridades, según cifras de la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos.

El Ejército birmano justifica el golpe por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, en los que arrasó el partido liderado por la nobel de la paz Aung San Suu Kyi, como ya hiciera en 2015, y cuyos resultados fueron avalados por los observadores internacionales.


Phoenix Mediossábado 3 julio, 2021
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Bangkok (EFE).- Miles de birmanos salieron este sábado a las calles del país para manifestarse un día más en contra del golpe de Estado militar y en rechazo del líder golpista, el general Min Aung Hlaing, quien hoy cumple 65 años.

En ciudades del oriental estado Kayah (estado Karenni), los manifestantes simularon el entierro del líder militar con féretros donde aparece su foto y coronas de flores con frases como: “Que nunca descanses en paz” o “Que tu cumpleaños y muerte coincida”, recoge el portal Khit Thit Media.

En otros lugares, como en Mandalay, los opositores al régimen castrense prendieron fuego a los retratos del líder golpista tras marcarlos con cruces rojas y pisotearlos.

Protestas similares se han realizado a lo largo del país en desafío a la junta militar que terminó el 1 de febrero con la joven e incipiente democracia de Birmania y encarceló a los líderes electos, entre ellos a la nobel de la paz Aung San Suu Kyi.

Min Aung Hlaing, comandante jefe del Ejercito, debía retirarse al cumplir los 65 años, pero la junta militar que él lidera anuló la norma de jubilación obligatoria días después de la toma del poder.

Tras más de cinco meses desde el sublevamiento, los militares no han logrado controlar todo el país a pesar de la brutal represión ejercida contra los disidentes.

Al menos 888 personas han muerto a raíz de la violenta campaña de castigo impulsada por las fuerzas de seguridad, que han disparado a matar contra los manifestantes pacíficos, según datos de la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos.

Algunos de los opositores han decidido tomar las armas contra los militares, cansados de los pocos avances de las manifestaciones pacíficas; mientras se han abierto o recrudecido a lo largo del país los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas y grupos rebeldes.

El Ejército birmano justifica el golpe por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, en los que arrasó el partido liderado por Suu Kyi, como ya hiciera en 2015, y que fueron considerados legítimos por los observadores internacionales.


Phoenix Mediosmartes 29 junio, 2021
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Bangkok (EFE).- El Ejército de Birmania (Myanmar) reforzó su control sobre el comercio ilegal de jade en los últimos años, a pesar de los intentos del gobierno de la depuesta líder Aung San Suu Kyi de reformar el sector, según reveló este martes una oenegé especializada en destapar prácticas corruptas.

“La corrupción en el sector del jade alcanza a los más altos rangos del Ejército, incluida la familia del comandante en jefe Min Aung Hlaing”, líder del golpe de Estado perpetrado el pasado 1 de febrero, publica en un informe Global Witness.

Según la organización, la asonada provocó “una nueva ola de violencia” en el sector, “lo que demuestra el peligro de los actores armados que controlan esta industria minera de miles de millones de dólares”.

“El sector del jade se ha vuelto más corrupto que nunca, ha avivado el conflicto violento en el país y ha ayudado a llenar las arcas de los militares, incluida la familia de Min Aung Hlaing”, apunta el informe titulado “Jade y conflicto: el círculo vicioso de Birmania”.

En 2016, a su llegada al gobierno, el partido Liga Nacional para la Democracia (LND) suspendió todas las licencias de explotación de jade como primer paso para reformar el sector, pero el informe revela que los altos cargos del Ejército y empresas vinculadas a ellos o sus aliados ignoraron la prohibición.

Keel Dietz, asesor de Global Witness en Birmania, afirma que el aumento del control del comercio multimillonario de jade por el Ejército refleja su control sobre otros valiosos sectores de la economía “lo que financia sus abusos, alimenta el conflicto y ha ayudado en su toma ilegal del poder”.

Además del mayor control del Ejército sobre esta industria multimillonaria, el informe también recalca que se ha incrementado el número de grupos étnicos armados y milicias implicadas en el comercio, en especial el Ejército Independiente Kachin, el Estado Wa Unido y el Ejército de Arakan.

Según Dietz, estos grupos y el Ejército se unieron para la causa común de “extraer jade incluso más rápido y de manera más destructiva, aunque estuvieran en conflicto en otras partes del país”, ante los planes gubernamentales, nunca ejecutados, de reformar el sector.

Los investigadores de Global Witness calculan que hasta un 90 por ciento del jade extraído de las minas de Birmania es vendido de forma ilegal fuera del país, principalmente a China.

La organización pidió a la comunidad internacional que prohíba “de inmediato” la importación de todo el jade y las gemas extraídas en Birmania y recalcó el papel de China.

“El control de los militares en el jade es tan fuerte que sería casi imposible comprar jade sin aportar dinero a los generales y sus aliados”, dijo Dietz.

Tras casi cinco meses desde el golpe de Estado militar que terminó con la incipiente y joven democracia en Birmania, el Ejército no ha logrado controlar de todo el país a pesar de la brutal represión contra la oposición al mando castrense, que ha dejado al menos 883 civiles asesinados por las fuerzas de seguridad.


Phoenix Mediossábado 19 junio, 2021
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Bangkok (EFE).- La exmandataria birmana Aung San Suu Kyi cumplió este sábado 76 años prisionera de la junta militar que la derrocó en un golpe de Estado el pasado 1 de febrero y la ha sumergido en un orwelliano proceso judicial.

Según muestran las imágenes de los medios locales y de las redes sociales, miles de personas salieron hoy a manifestarse contra la junta llevando flores en la mano o enganchadas a la oreja o el cabello, mientras otros exhibieron pasteles de cumpleaños en homenaje a la depuesta líder.

Las flores en recuerdo a Suu Kyi no se limitaron a las protestas, sino que son parte hoy del paisaje cotidiano en las calles de un país donde la nobel de la paz es el símbolo de la oposición al régimen de los uniformados.

El pasado lunes, la nobel de la paz se sentó en el banquillo de los acusados en el primer día del juicio en el que está acusada de cinco cargos variopintos como la incitación a la agitación pública, la violación de las normas de la covid-19 y la importación ilegal de “walkie-talkies”.

Además tiene pendiente otro juicio en el Tribunal Supremo por el cargo más serio de vulnerar la Ley de Secretos Oficiales, una norma dictada durante la época colonial que se castiga con hasta 14 años de cárcel.

También ha sido acusada de aceptar sobornos, un cargo que ha sido categóricamente rechazado por sus abogados, como todos los demás.

Los militares, al mando del general golpista Min Aung Hlaing, detuvieron a Suu Kyi el día del golpe y, desde entonces, la han mantenido bajo arresto en un lugar desconocido y prácticamente incomunicada.

Durante las primeras vistas preliminares ante el tribunal de Naipyidó, Suu Kyi compareció por teleconferencia y solo acudió en persona a la corte el pasado 24 de mayo.

Sus abogados aseguraron que la nobel de la paz vivía sin noticias de lo que ocurre en el país, sumido en una espiral de violencia entre grupos de defensa civil formados raíz del golpe y el Ejército golpista, que ha masacrado a cientos de manifestantes pacíficos.

En la última vista del pasado martes, Suu Kyi se quejó ante el juez de que parte de la comida que le habían enviado sus abogados desde Rangún le llegó en mal estado, lo que evidencia lo precario de su situación.

HIJA DE HÉROE NACIONAL

Hija del héroe nacional Aung San, la líder depuesta vivió su juventud fuera de su país y llevó una vida privilegiada, con estudios en la Universidad de Oxford (Reino Unido), pero en 1988 volvió a Birmania (Myanmar), donde se unió a las protestas contra el Gobierno militar de entonces.

Durante las sucesivas junta militares, pasó 15 años bajo arresto domiciliario en distintos periodos e incluso renunció a despedirse de su marido, Michael Aris, que murió de cáncer, por miedo a no poder volver a su país para seguir su lucha pacífica por la democracia.

“Estaba dispuesta a estar en desacuerdo con los poderosos. Era, en mi opinión, valiente y ciertamente disciplinada, extremadamente disciplinada”, indicó a Efe Peter Phopam, un periodista británico que ha entrevistado a Suu Kyi y ha escrito dos libros sobre ella.

“Siempre sentí que merecía completamente el Premio Nobel de la Paz en 1991. Fue muy valiente y consiguió expresar con claridad las aspiraciones democráticas del pueblo birmano”, señaló Phopam en entrevista telefónica.

El periodista y escritor opinó que Suu Kyi, conocida en su país como la “dama” o “madre Suu”, es una gran oradora, lo que ha demostrado en mítines ante miles de personas, aunque también “muy ambiciosa” y “sin talento para la política práctica”.

LÍDER DE FACTO

Suu Kyi, cuyos dos hijos se criaron fuera de Birmania, fue liberada en 2010 y seis años más tarde se convirtió en la líder de facto del país como consejera de Estado y ministra de Exteriores en una “democracia disciplinada” planificada e implementada por los miliares.

Aunque siempre ha mantenido un apoyo arrollador en su país, Suu Kyi perdió todo su prestigio en el exterior cuando se negó a interceder por la minoría rohinyá tras las campañas de limpieza étnica del Ejército en 2016 y 2017 y hasta defendió la actuación de los militares en la Corte Internacional de Justicia.

“Creo que su reputación quedó irreversiblemente dañada por no enfrentarse a los militares durante la crisis de los rohinyás”, dijo Popham en referencia a los asesinatos, violaciones y torturas de los soldados contra esta vulnerable comunidad.

El periodista manifestó que el general Min Aung Hlaing perpetró el golpe de Estado en febrero por pura ambición de poder, pero sugirió que este levantamiento militar también pone en evidencia la escasa habilidad política de Suu Kyi.

Bajo el poder de los militares, la nobel de la paz vuelve a compartir el destino trágico de su país, aunque la dama mantiene un enorme respeto y admiración entre sus compatriotas, quizá incluso más que antes.


Phoenix Mediosdomingo 9 mayo, 2021
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Bangkok (EFE).- La junta militar birmana ha declarado como grupos terroristas al Gobierno de Unidad Nacional y otros organismos creados por representantes y activistas prodemocráticos opuestos al golpe de Estado del pasado 1 de febrero, informó hoy el medio Myanmar Now.

Los militares también declararon como organizaciones terroristas al “Parlamento democrático”, llamado Comité de Representantes de la Asamblea de la Unión (CRPH, sigla en inglés), y a la milicia antijunta Fuerza de Defensa Popular.

Los uniformados liderados por el general golpista Min Aung Hlaing continúan con sus esfuerzos para controlar el país en medio de protestas diarias y un movimiento de desobediencia civil seguido por sanitarios, profesores y obreros de fábricas, entre otros.

El CRPH fue formado poco después del golpe que defenestró a la líder del Gobierno electo, Aung San Suu Kyi, y el pasado 16 de marzo anunció el llamado Gobierno de Unidad Nacional, integrado por políticos cercanos a Suu Kyi, activistas y representantes de las minorías étnicas.

Tras meses de represión por parte de los militares golpistas, el “Gobierno democrático” anunció el pasado miércoles la creación de la Fuerza de Defensa Popular, una milicia civil ideada para defender a sus seguidores.

Precisamente, hoy se cumple un mes desde una de las peores masacres desde el golpe ocurrida en la ciudad de Bago, donde los uniformados atacaron con armas militares a los manifestantes, causando al menos 83 muertos en solo un día.

Los representantes prodemocráticos, quien trabajan en la clandestinidad, indicaron que la Fuerza de Defensa Popular es el paso previo hacia la creación de un Ejército federal que espera poder formar con ayuda de las guerrillas de las minorías étnicas.

Los soldados y policías de la junta militar han matado hasta el momento a 775 civiles, incluidos al menos 43 menores, y mantienen detenidas a más de 3.700 personas, incluida a Suu Kyi y al presidente depuesto, Win Myint, según el recuento de la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos (AAPP).

Mientras que la mayoría de las protestas son pacíficas, algunos manifestantes se han unido a milicias armadas contra la junta militar o a las guerrillas de las minorías étnicas, algunas de las cuales han expresado su apoyo por el movimiento de desobediencia civil.

El Tatmadaw (Ejército birmano) justifica el golpe de Estado por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, en los que arrasó el partido de Suu Kyi, como ya hiciera en 2015, y que cuentan con el aval de los observadores internacionales.


Phoenix Mediossábado 8 mayo, 2021
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Bangkok (EFE).- La junta militar birmana ha suspendido a al menos 1.683 profesores y otros trabajadores del sector educativo en huelga para apoyar al movimiento de desobediencia civil contra el golpe de Estado del pasado 1 de febrero.

Los empleados suspendidos incluyen a 392 de la Universidad de Artes y Ciencias de Mandalay, 339 de la Universidad de Rangún, 149 de la Universidad de Lenguas Extranjeras de Mandalay y 60 de la Universidad Tecnológica de Myitkyina, entre otros, informó hoy el medio Irrawaddy.

Profesores y trabajadores de otros sectores se han unido al movimiento de desobediencia civil iniciado por los sanitarios contra los militares que el pasado febrero acabaron con diez años de periodo democrático en Birmania (Myanmar).

“Pase lo que pase, continuaremos participando en el movimiento de desobediencia civil hasta el final. Tenemos que resistir porque no podemos dejar a nuestras generaciones futuras bajo un régimen militar”, dijo un profesor de la Universidad de Rangún en huelga que ha sido acusado de incitación por la junta.

Además de las huelgas, los birmanos han respondido con protestas diarias al levantamiento encabezado por el general Min Aung Hlaing contra el gobierno de Aung San Suu Kyi, quien se encuentra detenida bajo diversas acusaciones, incluida la de traición.

En la violenta represión de las manifestaciones, los uniformados han matado a al menos 774 civiles, incluidos más de 40 menores, y mantiene detenidas a más de 3.700 personas, mientras que más de 1.400 se encuentran en busca y captura.

Los militares justifican el golpe de Estado por un supuesto fraude en las elecciones del pasado noviembre, en las que arrasó el partido de Suu Kyi, como ya hizo en 2015, con el aval de los observadores internacionales.

Suu Kyi, que ya pasó un total de 15 años bajo arresto domiciliario bajo la anterior junta militar (1988-2011), gobernó con muchas limitaciones, ya que los militares tenían amplios poderes, al ocupar el 25 por ciento del Parlamento y los ministerios de Defensa, Interior y Fronteras.


Phoenix Mediosjueves 29 abril, 2021
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Bangkok (EFE).- La junta militar birmana ha presentado cargos de asesinato y traición contra uno de los principales líderes de las protestas en contra del golpe de Estado mientras acusó a otras personas vinculadas con él de relaciones con grupos armados.

Wai Moe Naing, el líder del sindicato estudiantil de Monywa, está acusado de torturar y asesinar brutalmente a dos policías, según publica este jueves el diario oficialista The Global New Light of Myanmar.

El activista, de 25 años, fue detenido el pasado 15 de abril después de ser arrollado por un vehículo de las fuerzas de seguridad en Monywa, una de las ciudades más activas contra el régimen militar.

En una entrevista reciente, Wai Moe Naing había hecho un llamamiento a que la oposición a la junta militar se haga tanto a través de protestas pacíficas como de resistencia armada defensiva para poder acabar con la dictadura.

La junta militar publicó este jueves un organigrama del comité de huelga de Monywa que incluye equipos que supuestamente coordinan los entrenamientos con grupos armados, así como varias personas acusadas de fabricar y almacenar bombas y armas caseras.

Según pudo constatar Efe, decenas de jóvenes birmanos se han unido en las últimas semanas a entrenamientos militares con las guerrillas étnicas cansados de los escasos logros de las protestas pacíficas contra la junta militar y dispuestos a responder a los uniformados con las armas.

Grupos insurgentes de minorías étnicas, que representan más del 30 % de los 54 millones de habitantes del país y que han luchado contra el Gobierno birmano durante décadas con la reivindicación de una mayor autonomía, han mostrado su apoyo a los movimientos de protesta contra la junta militar.

Esta situación ha reavivado en el último mes enfrentamientos entre los militares y algunas guerrillas.

Más de 4.500 personas han sido detenidas desde el golpe de Estado del 1 de febrero, de las que 3.449 permanecen bajo arresto, según las últimas cifras recogidas por la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos (AAPP).

El movimiento de desobediencia civil en contra de la junta militar y las protestas pacíficas que se han celebrado desde entonces por todo el país han sido reprimidos brutalmente por las fuerzas de seguridad, que ya han asesinado al menos a 756 civiles, según la AAPP.

El pasado sábado, el jefe de la junta birmana, el general golpista Min Aung Hlaing, asistió en Yakarta a una reunión de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) -de la que Birmania forma parte- y se comprometió a frenar la violencia contra los civiles, iniciar el diálogo y aceptar a un mediador para solventar la crisis.

A pesar de ello los movimientos opositores y organizaciones humanitarias han denunciado que siguen la violencia contra las protestas pacíficas y las detenciones.


Phoenix Mediosmartes 27 abril, 2021
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Bangkok (EFE).- La junta militar de Birmania condicionó este martes su compromiso de acabar con la violencia contra civiles, como acordó el fin de semana con sus socios del Sudeste Asiático, a que el país “vuelva a la estabilidad”, mientras se intensifican las protestas y los enfrentamientos entre el Ejército y las guerrillas de minorías étnicas.

En un comunicado publicado por el periódico oficialista New Light of Myanmar, la junta militar expresó que “considerará con cuidado las sugerencias” de los líderes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) “cuando vuelva la estabilidad al país”, pues las prioridades actuales son “mantener la ley y el orden y restablecer “la paz de la comunidad y la tranquilidad”.

El pasado sábado, el jefe de la junta birmana, el general golpista Min Aung Hlaing, asistió a una reunión de ASEAN en Yakarta, donde se comprometió a frenar la violencia contra los civiles, iniciar el diálogo y aceptar a un mediador para solventar la crisis.

Sin embargo, el general Hlaing recalcó en declaraciones a la televisión estatal que se considerará permitir una visita de la delegación de ASEAN “dependiendo de la estabilidad del país”.

La aclaración de los uniformados no pareció sorprender al autodenominado Gobierno de Unidad Nacional, formado por cargos electos contrarios a la junta, que acusó a los militares este martes de contravenir su compromiso de parar la violencia contra civiles al “acosar” a manifestantes pacíficos.

A la denuncia del Ejecutivo paralelo se unió la del a ONG Human Rights Foundation of Monland, que indicó que al menos una manifestante falleció el lunes a causa de los disparos de las fuerzas de seguridad y varios fueron detenidos en la localidad de Nyaungshwe, en el estado Shan.

PROTESTAS “RELÁMPAGO”

Este descontento se trasladó a las calles de las grandes ciudades, donde las protestas retomaron vigor hoy en una nueva modalidad “relámpago” que consiste en marchas poco voluminosas y de tiempo limitado cuya ubicación se decide en el último momento.

Este tipo de movilizaciones se pudieron ver este martes en Rangún con la marcha de entre uno y dos centenares de personas con pancartas y haciendo el gesto de los tres dedos, símbolo contra la dictadura militar inspirado de la saga de “Los juegos del hambre”.

Los participantes marchan rápido por las calles y luego se dispersan antes de que puedan llegar los militares y la policía, que han matado al menos a 753 civiles en la represión de las protestas desde el golpe militar del pasado 1 de febrero.

Desde el golpe, los birmanos han organizado protestas a diario en distintos puntos del país contra los militares y para pedir la libertad de los más de 3.000 detenidos por la junta, incluida la líder del Gobierno depuesta, Aung San Suu Kyi.

Mientras que la mayoría de las protestas son pacíficas, algunos manifestantes han formado milicias que han protagonizado ataques contra los militares o se han unido a las guerrillas étnicas que combaten al Ejército birmano.

Según constató Efe en el fronterizo Estado Karen, decenas de jóvenes birmanos se han unido en las últimas semanas a entrenamientos militares con las guerrillas étnicas cansados de los escasos logros de las protestas pacíficas contra la junta militar y dispuestos a responder a los uniformados con las armas.

GUERRILLAS ÉTNICAS

Los combates con las guerrillas se han recrudecido en los últimos días, especialmente con el Ejército de Liberación Nacional Karen (KNLA, siglas en inglés) atacó y ocupó este martes un puesto fronterizo del Ejército birmano en el este del país y expulsó a los soldados birmanos.

Horas después, el Ejército lanzó al menos dos ataques aéreos contra posiciones controladas por la guerrilla karen, en un conflicto que ha causado el desplazamiento forzoso de unas 25.000 personas desde que se reavivó tras el golpe de Estado, según confirmó aEfe la organización Free Burma Rangers.

Varias guerrillas de la minorías étnicas, que representan el 30 por ciento de la población del país, llevan décadas alzadas en armas en Birmania (Myanmar) para reclamar una mayor autonomía y tras el golpe militar algunas han expresado su apoyo a los manifestantes prodemocráticos.

CONDENA DE OBAMA

A la contestación interna se han unido en las últimas semanas sanciones económicas internacionales contra los intereses económicos de la junta por parte de potencias como EEUU, la Unión Europea o el Reino Unido y cada vez más voces que piden la vuelta de la democracia a Birmania.

Una de las últimas fue la del expresidente estadounidense Barack Obama, que en un comunicado de Twitter se declaró estar “consternado por la desgarradora violencia contra civiles” y se mostró de acuerdo con las sanciones ejecutadas por el presidente Joe Biden.

“Está claro que los esfuerzos brutales e ilegítimos de los militares para imponer su voluntad después de una década de mayores libertades nunca serán aceptados por la población y no deberían ser aceptados por el mundo en su conjunto”, declaró el exmandatario.

El Ejército birmano justifica el golpe de Estado por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, en los que arrasó el partido Suu Kyi, como ya hiciera en 2015, con el aval de los observadores internacionales.


Phoenix Medioslunes 26 abril, 2021
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Bangkok (EFE).- La enviada especial de Naciones Unidas para Birmania, Christine Schraner Burgener, se reunió con el líder de la junta militar birmana, el general Min Aung Hlaing, cuando coincidieron en Yakarta con motivo de la cumbre especial de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

Según el periódico Asia Nikkei, durante la conversación, el general Hlaing defendió el golpe de Estado con el que se alzó con el poder el pasado 1 de febrero y alegó el supuesto fraude en las elecciones celebradas el pasado noviembre, en las que arrasó la Liga Nacional para la Democracia, el partido de Aung San Suu Kyi.

El medio japonés, que citó fuentes diplomáticas, indicó que Schraner Burgener pidió permiso para visitar Birmania, pero no recibió una respuesta inmediata del militar.

Los líderes de la ASEAN y la junta militar alcanzaron este sábado un compromiso para poner fin a la violencia contra la población civil durante una cumbre celebrada en Yakarta, en el que se cree que fue el primer viaje al extranjero del general Hlaing desde que se hizo con el poder.

A pesar de las diferencias de posturas iniciales entre los miembros, el bloque ASEAN aprobó de manera consensuada un comunicado en el que se señala explícitamente que “habrá un cese inmediato de la violencia en Birmania y todas las partes ejercerán la máxima moderación”.

La cumbre, la primera cita internacional centrada en resolver la grave situación en Birmania tras el golpe de Estado del 1 de febrero, terminó con un comunicado que recoge además el compromiso para “un dialogo constructivo entre todas las partes para buscar una solución pacífica” y la intervención mediadora de la ASEAN.

El acuerdo, sin embargo, ha recibido críticas de activistas birmanos y de grupos pro derechos humanos por la falta de concreción en la forma en que se aplicarán las medidas y por no incluir ningún compromiso sobre la liberación de los más de 3.000 presos políticos del país.

Según la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos (AAPP), al menos 751 personas han muerto por la represión de la junta militar desde el pasado 1 de febrero y 3.431 permanecen detenidas por motivos políticos, entre ellos la depuesta líder Suu Kyi.


Phoenix Mediosdomingo 25 abril, 2021
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Bangkok (EFE).- Las protestas continuaron este domingo en las calles de Birmania pese el acuerdo alcanzado ayer entre la junta militar y los líderes del Sudeste Asiático para terminar la violencia contra civiles, un compromiso considerado insuficiente por activistas y grupos pro derechos humanos.

Aunque no se produjeron manifestaciones multitudinarias en las grandes ciudades, tuvieron lugar algunas marchas pacíficas de menor rango, como una de monjes budistas en Mandalay, la segunda ciudad del país y uno de los principales focos de las protestas desde que se produjo el golpe.

En Mandalay también salieron decenas de jóvenes en apoyo del autodenominado Gobierno de Unidad Nacional, compuesto por antiguos cargos civiles depuestos y creado como contrapeso a los militares, y se produjeron movilizaciones en Rangún -la ciudad más importante- y otras poblaciones menores, según el portal Khit Thit Media.

Las protestas se producen un día después del acuerdo alcanzado entre los líderes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y la junta militar para poner fin a la violencia contra la población civil durante una cumbre celebrada el sábado en Yakarta.

Tras una reunión de emergencia sobre la crisis birmana y a pesar de las diferencias de posturas iniciales entre los miembros, la ASEAN aprobó este sábado de manera consensuada un comunicado en el que se señala explícitamente que “habrá un cese inmediato de la violencia en Birmania y todas las partes ejercerán la máxima moderación”.

La cumbre, la primera cita internacional centrada en resolver la grave situación en Birmania tras el golpe de Estado del 1 de febrero, contó con la polémica presencia del líder del la junta militar birmana, el general golpista Min Aung Hlaing, que dio el visto bueno a un comunicado que recoge además el compromiso para “un dialogo constructivo entre todas las partes para buscar una solución pacífica” y la intervención mediadora de la ASEAN.

ACUERDO INSUFICIENTE

El acuerdo, sin embargo, ha recibido críticas de activistas birmanos y de grupos pro derechos humanos por la falta de concreción en la forma en que se aplicarán las medidas y por no incluir ningún compromiso sobre la liberación de los más de 3.000 presos políticos del país.

U Aung Myo Min, activista y director de la organización Equality Myanmar agradeció los esfuerzos de los líderes de la ASEAN por terminar con la violencia, pero se lamentó de que no lograra forzar al general Min Aung Hlaing, líder de la junta, a explicar cómo cumpliría sus promesas.

“Estamos decepcionados porque esas exigencias y declaraciones pueden hacerse incluso sin reunirse en persona. Además, no vemos que haya un calendario o un plan de acción efectivo para no retrasar su implementación”, declaró este domingo al diario digital The Irrawaddy.

El acuerdo fue saludado en un principio por el portavoz del Gobierno de Unidad Nacional de Birmania, Dr Sasa, que este sábado calificó de “alentadoras” las noticias del acuerdo para el fin de la violencia en un comunicado en el que también se felicitaba por el compromiso, finalmente no alcanzado, de que fueran liberados los miles de presos políticos.

Esta carencia, junto a la falta de un plan concreto, llevó a U Moe Zaw Oo, viceministro de Asuntos Exteriores de este Ejecutivo paralelo, a criticar el acuerdo.

“La ASEAN debería ser consciente de que la junta militar está muy acostumbrada a mentir a su propia población y a la comunidad internacional. Damos la bienvenida al compromiso (…) pero también debería tener un impacto real sobre la situación en la calle. De lo contrario, sería una pérdida de tiempo”, recalcó.

PRESOS POLÍTICOS

En este sentido, Phil Robertson, subdirector de Human Rights Watch en Asia, destacó que la ASEAN “no puede pasar por alto el que no haya un acuerdo con la junta para liberar a los más de 3.300 presos políticos detenidos en el país”, incluidas figuras políticas de primer orden como la depuesta líder Aung San Suu Kyi.

Robertson criticó que los representantes del Gobierno de Unidad Nacional no fueran invitados a la cumbre y la falta de calendario para que cristalicen los compromisos, al tiempo que recordó “la debilidad de la ASEAN para implementar las decisiones y planes que emite” y pidió que continúen las sanciones económicas.

Por su parte, la Asociación de Parlamentarios de ASEAN por los Derechos Humanos (APHR en inglés), aplaudió los compromisos alcanzados, pero subrayó que “la liberación de los presos políticos es un requisito para el cese de la violencia” y reclamó la puesta en marcha de una hoja de ruta clara para que el general Min Aung Hlaing cumpla su promesa de terminar con la violencia.

Según la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos (AAPP), al menos 748 personas han muerto por la represión de la junta militar desde el pasado 1 de febrero y 3.389 permanecen detenidas por motivos políticos, entre ellos la depuesta líder Aung San Suu Kyi.

Los militares justifican el golpe de Estado del pasado 1 de febrero por un supuesto fraude en las elecciones de noviembre de 2020, en las que ganó con una enorme ventaja la Liga Nacional paa la Democracia, el partido encabezado por Suu Kyi, bajo arresto domiciliario desde la asonada.



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