Lunes 09 diciembre 2019
Phoenix MediosJueves 7 noviembre, 2019
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Montevideo (EFE).- Los niños enfermos de cáncer que se tratan en la Fundación Pérez Scremini, de Montevideo, contarán con una nueva mascota, la foca “PARO”, un robot terapéutico que, según su creador, el japonés Takanori Shibata, los ayudará a paliar el dolor durante el tratamiento.

Shibata, profesor en el National Institute of Advanced Industrial Science and Technology (AISI), destacó a Efe este jueves, con motivo de la entrega de la mascota donada al centro hospitalario, que la creación de PARO surgió a partir de su interés por desarrollar un robot personal que ayudara a las personas en el día a día.

En ese sentido, al evaluar qué cosas precisan las personas fuera de funciones que cumplen otros robots, como las de cocinar y limpiar, el profesor pensó en las mascotas, que, dijo, brindan beneficios psicológicos, fisiológicos y sociales a los humanos.

“La interacción con los animales alegra y motiva a la gente; en lo fisiológico reduce el estrés y es buena para la rehabilitación y el beneficio social que tiene es que conecta a la gente y promueve la comunicación”, expresó.

Dado que los animales muchas veces no son admitidos en hospitales o geriátricos por alergias o miedo a los rasguños y las mordeduras, Shibata decidió hacer un robot que pudiera ocupar ese rol y que ayudara a quienes atraviesan momentos difíciles.

El profesor, que en 2018 recorrió junto al embajador de Japón en Uruguay, Tatsuhiro Shindo, diversos hospitales del país, dijo así que la donación de un PARO a la Fundación -única en Uruguay dedicada a tratar el cáncer infantil con tasas de curación del 80 %- servirá para paliar los efectos secundarios de tratamientos como la quimioterapia.

“Como PARO no tiene ningún efecto secundario se puede combinar la quimioterapia con la interacción con él. Así que aquí esperamos que PARO sea usado por los niños antes del tratamiento para reducir la ansiedad y el dolor”, valoró.

El experto japonés resaltó además que el robot peludo y de apariencia amigable, que ha sido usado en más de 30 países y tiene un costo de unos 6000 dólares, tiene muchos tipos de sensores en su cuerpo y puede aprender un nuevo nombre, entre otras funciones inteligentes.

“Todo su cuerpo está cubierto por sensores táctiles. Tiene tres micrófonos para reconocimiento de voz y localización del sonido, así que reconoce algunas palabras y si hablas reconoce la dirección del sonido. Tiene también control de temperatura (…) e inteligencia artificial, así que puede generar su comportamiento de forma autónoma”, puntualizó.

Por su parte, Horacio Fernández Ameglio, presidente de la Fundación Pérez Scremini, celebró la donación y opinó que será un nuevo amigo para los niños del centro.

“Tiene una tecnología que le permite reconocer al niño, reconoce la voz, lo estimula, pueden jugar con él, contarle sus problemas, sus dolores (…) No habla pero sí le transmite sensaciones y sobre todo amistad, lo cual es muy importante para los chicos que están sufriendo en esos momentos”, concluyó.


Phoenix MediosSábado 31 agosto, 2019
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En el centro cultural “Asociación C1080” del Barrio Sur de Montevideo, sede de la reconocida comparsa C1080 y donde funciona el merendero “Mediomundo”, se han fusionado las culturas japonesa y afrouruguaya para ampliar el espacio que es el corazón del barrio.

Los últimos días de agosto en Uruguay se caracterizan por temperaturas altas que anteceden al llamado temporal de Santa Rosa; este veranillo del invierno austral ha coincidido en 2019 con la inauguración de un segundo piso para la sede de C1080.

Corría una brisa fresca y la luz de la tarde aún resplandecía al final de la callecita Curuguaty sobre el río de la Plata, cuando en la calle Carlos Gardel, epicentro del Barrio Sur, se asomó la cuerda de tambores de candombe.

Antes de entrar a la casa las bailarinas vestidas de blanco con detalles en naranja y verde, que representan a esta comparsa muy reconocida en varios Desfiles de Llamadas del Carnaval uruguayo, danzaban al ritmo de los tambores.

Adentro, las prendas de la Mama Vieja, el Gramillero y el Escobero, figuras típicas del Carnaval montevideano, se veían bajo la escalera que conducía al segundo piso y en la subida, sobre una pared, en una foto en blanco y negro se veía a una mujer rodeada por cuerdas llenas de ropas que se secaban al sol en el conventillo Mediomundo.

Cuareim 1080 o C1080 fue el nombre que Waldemar “Cachila” Silva, director y fundador de la comparsa, eligió para ella en referencia a la dirección del “conventillo Mediomundo”, típico inmueble de inquilinato que albergaba a muchísimas familias montevideanas de raza negra, en el siglo pasado.

“Hace 20 años con mi esposa, Margarita Barrios, tuvimos un sueño: a partir de nuestra historia y nuestra cultura poder contar con un lugar físico para ofrecer a nuestra comunidad”, dijo Silva en la inauguración del segundo piso del establecimiento, que contó con la presencia del embajador japonés en Uruguay, Tatsuhiro Shindo.

 Vista de tambores y vestimenta en el interior del renovado edificio del grupo de candombe Asociación C1080 este martes 27 de agosto de 2019, en el barrio Sur de Montevideo (Uruguay). EFE/ Raúl Martínez

Silva es hijo de una figura legendaria, como fue Juan Ángel “Cacique” Silva, que regentaba Mediomundo en la década del 50 y creó la comparsa Morenada, una de las más famosas comparsas del siglo XX, por medio de la cual pudo transmitirle a su hijo el amor por el candombe.

Además de ser la sede de la comparsa, en C1080 se ofrecen talleres de danza y candombe, se presta el espacio para que las cooperativas de vivienda del barrio puedan reunirse y funciona el merendero Mediomundo, abierto a niños y jóvenes de la zona.

La presencia de Japón en el evento barrial se debió a que la embajada nipona donó 90 000 dólares al colectivo para reformar la sede.

Shindo declaró que esperaba que este lugar “inspire el desarrollo de la comunidad como un faro hacia el futuro” y que está convencido de que se “abrirán las puertas a innumerables experiencias de crecimiento para toda la comunidad”.

Asistieron al bautizo de esta sede remozada el arquitecto y antiguo intendente de Montevideo Mariano Arana y el compositor Hugo Fatorusso -muy vinculado a la cultura nipona a raíz de su alianza con el músico japonés Yahiro Tomohiro para las giras “Dos orientales”-.

También estuvo presente la artista Agó Páez Vilaró, hija del difunto artista Carlos Páez Vilaró, quien vivió en Mediomundo y fue integrante de la comparsa, experiencias que inspiraron su obra y que lo acercaron a la cultura afrouruguaya.

El espacio que se inauguró esta semana es amplio y luminoso. Al fondo una foto del “Cacique” mira una pantalla que proyecta imágenes de muchos carnavales, con banderas al viento y con el brillo que las lentejuelas de los trajes devuelven a la luz de los faroles de Isla de Flores, la calle que vertebra Barrio Sur y Palermo.

“Como grito de la raza que nace de las entrañas, como ave que al volar es libre al fin”, es el comienzo del himno de la comparsa, que luego dice “así es 1080, así la magia eterna, así será por siempre mi país. Somos de la raza, sangre candombera, somos Barrio Sur, somos 1080”. (Efe).



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