lunes 17 febrero 2020

Una exposición muestra en Fráncfort el legado de las mujeres al Surrealismo

A través de 260 obras de 34 artistas, el Schirn Kunsthalle muestra que la contribución de la mujer al Surrealismo va más allá de las fantasías sexuales masculinas plasmadas en las obras de Salvador Dalí y de su función como modelo o pareja de los primeros surrealistas.

La contribución de esas artistas del entorno de André Breton, quien creó el movimiento en París en 1924, es principalmente la búsqueda de una nueva identidad femenina y artística.

Y esta es la perspectiva de la exposición “Mujeres fantásticas. Mundos surrealistas desde Meret Oppenheim hasta Frida Kahlo” del museo Schirn Kunsthalle de Fráncfort, que se puede visitar desde el 13 de febrero y hasta el 24 de mayo.

En ella se encuentran obras de grandes conocidas como la mexicana Kahlo, la fotógrafa también mexicana Lola Álvarez Bravo, la española Remedios Varo, la estadounidense de origen francés Louise Bourgeois, la francesa Dora Maar, la estadounidense Lee Miller, la británica Leonora Carrington y la suiza Oppenheim.

Todas ellas conocían a Breton personalmente, expusieron con otros artistas del grupo de surrealistas y participaron en publicaciones y en las discusiones teóricas artísticas y sobre las nuevas teorías sobre el inconsciente y el psicoanálisis.

Inicialmente los miembros del grupo Surrealista, que primero fue literario y en 1930 se abre a las Artes Plásticas, eran hombres, pero a partir de los años 30 se unieron mujeres, que participaron en las exposiciones de Nueva York (1936), París (1936 y 1938), Tokio (1937), Amsterdam (1938) y Ciudad de México (1940).

Durante muchos años fueron conocidas por ser musas o parejas de otros artistas masculinos, como es el caso de Oppenheim y Man Ray, y no por sus obras.

Durante la Segunda Guerra Mundial muchos surrealistas emigraron a EEUU o a México y en éste último país se creó un círculo surrealista entorno a Frida Kahlo.

FRIDA KAHLO

La exposición muestra seis obras de Kahlo (1907 Coyoacán -1954 Ciudad de México): “La venadita” (1946), “Diego y Frida 1929-1944” (1944), “Autorretrato con collar de espinas y colibrí” (1940), “Autorretrato en la frontera entre México y los Estados Unidos” (1932), “El sol y la vida” (1947) y “Naturaleza muerta con perico y bandera” (1951).

Conocida por sus autorretratos, combinó en sus obras elementos de la cultura precolonial de México, símbolos cristianos y su propia biografía, que estuvo marcada por el dolor y la enfermedad porque de niña padeció una poliomielitis, que debilitó mucho su pierna derecha, y a los 18 años sufrió un grave accidente cuando un tranvía arrolló el autobús en el que regresaba a casa del colegio.

Como consecuencia del accidente se fracturó la columna vertebral, dos costillas, la clavícula y la pierna derecha. Además, un pasamanos la atravesó desde la cadera izquierda hasta salir por la vagina fracturándole también el hueso pélvico.

Fue sometida a más de 30 operaciones y fue en esa época de inmovilidad y recuperación cuando comenzó a pintar.

En 1929 se casó con el muralista Diego Rivera, que entonces ya tenía un importante reconocimiento. Kahlo, 21 años menor que él, sufrió tres abortos en 1930, en 1932 y en 1934 como consecuencia de su débil estado de salud.

La relación con Rivera fue tormentosa, cargada de infidelidades por ambas partes, incluida, la de Rivera con Cristina, la hermana pequeña de Frida, que en 1939 se divorció de él, aunque se volvieron a casar un año después con el acuerdo de llevar vida sexuales autónomas.

En ese momento de separación Frida pintó “Autorretrato con collar de espinas y colibrí”.

El colibrí cuelga muerto como Jesucristo de una corona de espinas en forma de collar sobre el cuello de Frida, “una clara referencia a la Pasión de Cristo”.

Su mono Caimito de Guayabal, un regalo de Rivera, se encuentra sobre su hombro derecho y ajusta el collar de espinas, que se clava más en el cuello de Frida. Sobre su hombro izquierdo aparece un gato negro, quizá un presagio de mala suerte, dispuesto a saltar en cualquier momento. Y sobre su cabeza, dos mariposas con forma de flores, que en la mitología simbolizan la transformación y el comienzo nuevo.

FEMINISMO Y RECONOCIMIENTO

La comisaria de la exposición, Ingrid Pfeiffer, dijo este miércoles en rueda de prensa que “nadie ha logrado una iconografía como ella y nadie ha sido tan olvidada como Kahlo después de su muerte” en 1954, cuando todavía no eran tan conocida y admirada en EEUU y Europa.

No fue hasta los años 80 del siglo pasado cuando Frida fue descubierta con la biografía de Hayden Herrera.

Pfeiffer también considera que Frida superó como artista a Rivera, porque su arte, con sus temas, van más allá que los de él, que eran más políticos y están más vinculado a una época y un lugar.

A través del feminismo de los años 70 y 80 fueron descubiertas muchas de estas artistas surrealistas presentes en la exposición. (Efe).


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