Sábado 15 diciembre 2018

Victoria Eugenia Henao, viuda de Pablo Escobar: “Voy a pedir perdón una y mil veces”

“Nos criaron como mujeres para no ver y no hablar, para estar ahí, en silencio, cumpliendo el deber de esposa y madre. No teníamos derecho a protestar, para muchas simplemente significó perder la vida”. Es uno de los extractos más contundentes de ‘Pablo Escobar: mi vida y mi cárcel’ (Ediciones Península), el libro en el que Victoria Eugenia Henao reivindica la voz que asegura que nunca tuvo. Puede que su nombre no te suene (hoy se hace llamar María Isabel Santos Caballero, el que escogió para aprovechar una segunda oportunidad), pero sí el de su marido. Así es, la viuda se decide a contar su historia 25 años después de la muerte del mayor narcotraficante del mundo; desde que comenzó su noviazgo, cuando ella tenía 13 años y él 24, hasta las dificultades para rehacer su vida, pasando por las negociaciones con el cartel de Cali en las que consiguió salvarse a sí misma y a sus hijos. “Muchas veces anduve muy cómoda, pero fue siempre desde la ignorancia de quien no tiene derecho a mirar, opinar, decidir, elegir ni preguntar”. Esta es nuestra entrevista con ella.

GQ: ¿Qué te ha llevado a escribir este libro tantos años después de la muerte de Pablo Escobar?
VICTORIA EUGENIA HENAO: 
Durante estos 25 años he tenido que hacer mi propia catarsis, entrar en una introspección con mis terapeutas para poder entender esta historia y empezar a recuperar mi voz, que nunca la tuve. Me costó todo este tiempo adentrarme en las profundidades de mi alma y tomar la decisión y el coraje de decir “esta soy yo, esta es la mujer, esta es la que sufrió, y esto fue lo que a mí me pasó”.

GQ: En el prólogo afirmas que es una forma de pedir perdón. ¿Por qué pides perdón?
V. E. H.: 
Yo tengo un compromiso moral porque soy colombiana, porque viví el horror de Colombia y las secuelas que dejó toda esta guerra, y no puedo ser indiferente a ese dolor. Desde lo moral, soy responsable.

GQ: También pides perdón por lo que hizo Pablo. ¿Por qué crees que tienes esa obligación?
V. E. H.:
 Porque fue el padre de mis hijos, el hombre que estuvo a mi lado, y es una manera de que mis hijos también puedan tener una vida más llevadera en medio de tanto dolor.

GQ: En el libro reconoces que durante tus años de matrimonio con Escobar conociste o intuiste algunos de los crímenes que cometió. ¿Por qué no huiste o recurriste a las autoridades en su momento? Dices que por amor y por miedo.
V. E. H.:
 Realmente yo era muy joven, tenía 15 años. Hay que mirar en qué contexto se dieron las cosas. Viví en una cultura muy machista, en que las mujeres estábamos muy sometidas a lo que los hombres dijeran. Nosotras no podíamos opinar, no podíamos actuar. Nuestro papel era tener hijos y ser amas de casa. Desde ese lugar me crié, y yo no tenía ningún poder con Pablo. Él no escuchaba nada de lo que yo le decía. Jamás se me hubiera ocurrido porque yo lo amaba, y pensaba que me tenía que proteger a mí y a mis hijos, pero no que la ley me pudiera ayudar. Hoy, a mis 58 años, lo puedo pensar, pero en ese momento estaba muy sumergida en ese mundo.

GQ: Narras lo enamorada que estabas de Pablo, pero, ¿cuándo empezaste a sentir miedo o cuándo te diste cuenta de que estabas casada con un criminal? Haces hincapié en el asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla en 1984.
V. E. H.:
 Esa fue la ruptura de nuestra vida. Tras el asesinato del ministro tuvimos que empezar a correr. Pablo siempre negaba las cosas, y decía “a mí me meten en todo lo que pasa en este país, yo no tengo nada que ver con esta situación”. Yo lo veía reunirse con gente del Estado colombiano, pero a mí nunca me aceptó ninguna equivocación por su parte, siempre negaba absolutamente todo. Nosotros vivimos los últimos nueve años de su vida separados, porque Pablo Estaba prófugo de la justicia. Entró en la prisión La catedral en el año 90, después se escapó y siguió su vida solo hasta su muerte.

GQ: Un episodio muy interesante es en el que afirmas que estuviste a punto de negociar la paz con un contacto del cartel de Cali, pero que Escobar se negó. ¿Crees que lo hizo porque eras su esposa o por orgullo y poder?
V. E. H.: 
Creo que por las dos cosas. Primero porque yo era mujer, y para su imagen pública no era bueno que una mujer fuera a hablar sobre este tipo de cosas. Después, porque necesitaba siempre conservar el poder y seguir manejando toda la situación.

GQ: El relato más duro del libro es el epílogo, cuando narras que Pablo te forzó a abortar cuando tenías 14 años. Lo recuerdas como un punto de inflexión. ¿Entendiste al rememorarlo que vuestra relación estuvo basada en el abuso de poder?
V. E. H.: 
Sí, totalmente. Lo pude ver a través de esta catarsis y a través del proceso terapéutico de estos años, y estoy llegando a esa conclusión.

GQ: ¿Recuerdas aquello con miedo o enamorada?
V. E. H.: 
Yo era una mujer muy feliz porque era muy ingenua, y sentía que Pablo hizo aquello por miedo a lo que dijera mi familia. Mis padres no me lo hubieran perdonado, un embarazo en esa época era pecado mortal si no estabas casada. Fueron años muy felices, de mucho romance, de música muy linda que Pablo me regalaba, las cajas de chicle… Era un hombre que no tenía nada en ese momento, económicamente, pero yo sentí que lo amaba profundamente.

GQ: También hablas de cuando tu madre te advirtió de que tu relación con Pablo te podía llevar por un mal camino. ¿Cómo recuerdas hoy esa charla? ¿Crees que le harías caso?
V. E. H.: 
Es una mezcla de cosas muy difíciles. Ningún ser humano quiere meterse en un tsunami así y exponer su vida todo el tiempo. Buscas el amor siempre para disfrutarlo, para vivirlo y para tener un hogar en paz.

GQ: ¿Cómo era Pablo contigo en el día a día?
V. E. H.: 
Él fue siempre un hombre muy cariñoso, nunca nos trató mal, nunca nos dijo una mala palabra, ni a mí ni a mis hijos. Era un personaje extraño que no terminabas de entender. Siempre fue muy amoroso, muy cuidadoso, muy romántico, de detalles, de flores… Me escribía muchísimo a mí y a mis hijos. Fue muy sorprenderte descubrir que a mi hija le llegaban cuentos infantiles todas las semanas, de tres o cuatro páginas, y que estaban escritos por él.

GQ: Aseguras en el libro que lo único bueno que obtuviste de Pablo fueron tus hijos. ¿Qué relación tenéis ahora? ¿Soléis recordar esos años o habéis preferido pasar página?
V. E. H.: 
Tenemos una muy buena relación, muy íntima, y vivimos esta historia y la traemos a la mesa cada tanto. Es muy dolorosa, nos ha generado mucha discriminación, nos ha hecho mucho daño en nuestro trabajo y en nuestro desarrollo como personas comunes. No puedes alejarte. Hay que confrontarla, hay que mirarla, hay que reflexionarla, y sacar lo mejor que se pueda para poder continuar viviendo.

GQ: ¿Alguna vez te han reprochado tus hijos no haber huido de aquello? Explicas que fue especialmente difícil para tu hija, que lo vivió más pequeña.
V. E. H.: 
Sí, mi hija me ha pasado varias facturas por eso. A las mujeres que amamos demasiado a veces nos cuesta salir de relaciones que no son las mejores para nosotras.

GQ: ¿Cómo recuerdas el tiempo que estuviste separada de tus hijos cuando huiste con Pablo? Tu hijo se quedó en Colombia y a tu hija la tuviste que mandar con tu familia con muy pocos días de vida.
V. E. H.: 
Para mí fue la tortura psíquica más grande que pude haber vivido. El tener que permanecer encerrada en una casa, imaginándolos porque no tenía ni contacto telefónico, esperando días para que llegara una carta, una foto de ellos. Fue muy doloroso. Cuando nació mi nieto hace seis años y lo cargaba en mis brazos, lloraba de pensar cómo tuve el coraje de dejar ir a mi hija.

GQ: Relatas que al cabo de los años, para la redacción del libro, conociste muchas infidelidades de Pablo. ¿Cómo te influyó a la hora de cambiar tu imagen sobre él?
V. E. H.: 
Yo sufrí mucho con él, fue un hombre muy aventurero siempre. Fui conociendo sus infidelidades, y después de la investigación se sumaron muchas mujeres. Es muy indignante, lo peor que le puede pasar a una mujer. Sufrí mucho no solo por las infidelidades, sino por tener la muerte al lado. Siempre había atentados y teníamos que correr a escondernos. Fue doblemente doloroso.

GQ: En un capítulo hablas de lo que le sucedió a Wendy Chavarriaga, una de las amantes de Pablo. Afirmas que contactos de Escobar te confirmaron que la drogaron y le practicaron un aborto contra su voluntad. ¿Cómo te impactó eso?
V. E. H.: 
Eso lo supe casi 15 años después de haber muerto Pablo. Empecé a investigar si eso había sucedido, y cuando me contaron que sí, me pareció que ya estaba tocando todos los valores en mi imagen de Pablo. Me quedé muy triste y cuestionándolo mucho, por ser capaz de hacerle eso a una persona con la que tuvo una relación de más de tres años y a la que decía querer mucho.

La vida después de Pablo

GQ: ¿Cómo recuerdas la muerte de Pablo y aquellos días tan convulsos?
V. E. H.: 
Aquellos momentos fueron tan dolorosos… Eran las tres de la tarde del 2 de diciembre del año 93, hacía un día soleado en Bogotá, y recibir esa noticia fue como un golpe en el alma, en el corazón, el desgarro de mis hijos. Además, conociendo el mundo en el que me encontraba. Tenía mucho miedo por lo que nos podía pasar. No vi ninguna esperanza, ni la posibilidad de que pudiéramos seguir viviendo. Ver hoy a mi hijo caminar por el mundo, hablando con los jóvenes sobre este universo al que no se debe acceder, es una bendición de Dios. Aquel día pensé que nosotros nos íbamos detrás de él.

GQ: ¿Y las negociaciones posteriores con el cartel de Cali? Lo narras casi como una película, rodeada de aquellos hombres que además querían matar a tu hijo…
V. E. H.: 
Fue muy fuerte, un proceso muy doloroso. Piensa en lo que le pasa al común de la gente cuando nos miran a nosotros como a Pablo Escobar, y luego imagínate cómo nos miraban desde el cartel de Cali cuando apenas habían pasado los días de su muerte. Recuerdo los ojos de ellos mirándome a mí con esa ira pensando en Pablo.

GQ:  ¿Crees que hoy se paga contigo, por estar en vida, los crímenes que cometió Pablo?
V. E. H.:
 Nosotros sentimos una persecución siempre por esta historia, por la sombra de Pablo. Pedimos ser escuchados con compasión porque lo único que pude hacer como mujer dentro de todas las limitaciones y el sometimiento fue suplicarle que por favor no hubiera más violencia, y nunca me escuchó. Nunca me dijo que sí. Él quería tapar el sol con un dedo.

GQ: ¿Cómo recuerdas los meses que estuviste en la cárcel en Argentina, cuando tu contable te chantajeó con desvelar tu identidad, tantos años después de haber rehecho tu vida?
V. E. H.: 
Estuve 17 meses y medio en prisión y fue muy doloroso ver el dolor de mi hija fuera, los medios de comunicación diciendo cualquier cosa, sumándome a historias en las que no tenía nada que ver. Ese es otro de los motivos por los que quise escribir mis memorias. No me parece justo tener que soportar tanto maltrato por la imagen de Pablo.

GQ: ¿Por qué crees que en algunos círculos se sigue viendo a Pablo como un héroe?
V. E. H.: 
Creo que tiene que ver con la falta de compromiso de los adultos de mostrar la historia como realmente fue, y el cuidado que deben tener las generaciones que vienen. Es la irresponsabilidad de las series lo que ha generado en la juventud un significado equivocado respecto a esta historia.

GQ: ¿Cómo crees que han influido en todo esto series como ‘Narcos’ o películas como ‘Loving Pablo’? ¿Dan una imagen realista de lo que sucedió?
V. E. H.: 
Absolutamente no. Mi hijo habla en el libro ‘In fraganti’ de las 40 imprecisiones que tiene la serie y estoy totalmente de acuerdo. Él explica muy bien que estas series incitan más a imitar al personaje que a reflexionar sobre una historia que no es buena para nadie.

GQ: ¿Y la imagen que se da en particular de ti?
V. E. H.: 
Hay imágenes muy alejadas de la realidad. En ‘Narcos’ me ponen con armas, moviendo dinero, cosas que yo jamás hice.

GQ: Hace unas semanas leí que en Medellín hay un tour que lleva a los turistas a visitar lugares donde vivió y creció Pablo. ¿Crees que esee legado también es dañino?
V. E. H.: 
Todos los países del mundo deberían tener un museo de la memoria, donde se enseñe a los jóvenes el horror que se vivió para que Colombia no lo vuelva a repetir. Y para que el mundo no lo vuelva a repetir, porque este flagelo del narcotráfico es un fenómeno global. Desde ese lugar, si se muestra responsablemente y se muestra a la juventud la historia y lo que pasó, con toda seguridad darán un paso al lado y serán personas de bien.

GQ: ¿Sigues sintiéndote culpable o has pasado página con este libro?
V. E. H.: 
Siento que con esta catarsis me hago responsable moralmente de todo este dolor. No puedo ser indiferente por respeto a mi país, por respeto a las víctimas, no puedo dejarlo estar. Al contrario, voy a pedir perdón una y mil veces. Me avergüenza que esto haya pasado y siento una profunda tristeza.

GQ: ¿Ahora te haces llamar Victoria Eugenia o María Isabel?
V. E. H.:
 El nombre de Victoria Eugenia tiene que ver con mi historia, con la historia que hoy me tiene aquí, y el nombre de María Isabel tiene que ver con mi renacimiento y con la segunda oportunidad que me dio la vida.

GQ: Por eso te has presentado a mí como María Isabel.
V. E. H.:
 Así es.

 

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